09 de julio del 2026.
Pamplona, Navarra, España.
La tarde del 09 de julio de 2026 en los Sanfermines quedará grabada como una jornada de contrastes, valor estoico y generosidad de un palco presidencial que descerrajó la Puerta del Encierro para Roca Rey y David de Miranda ante el encierro de Victoriano del Río. A las 18:30 h Talavante, el peruano y el onubense hicieron el paseíllo.
La tarde del 9 de julio, Pamplona vivía su cuarto día grande. Tras la resaca del tercer encierro matutino, que duró apenas dos minutos y veintitrés segundos y dejó imágenes trepidantes y accidentadas con los toros de Victoriano del Río, la Monumental navarra se vistió con sus mejores galas para colgar el cartel de "No hay billetes". El ambiente en los tendidos era el característico de las grandes citas: un mar de peñas ondeando pañuelos rojos, cánticos ensordecedores y una expectación palpable ante un cartel de lujo.
El hierro madrileño de Victoriano del Río, junto a su segundo hierro de Toros de Cortés, había despertado enorme interés, pero el comportamiento de los astados fue la cruz de la moneda. La corrida resultó ser decepcionante en líneas generales, desrazada y con poco fondo, obligando a los diestros a tirar de oficio, valor y recursos para lograr el lucimiento.
El extremeño Alejandro Talavante llegaba a la capital navarra como máximo triunfador de la Feria de San Isidro, con la firme intención de romper una racha negativa en este coso, donde no puntuaba desde antes de la pandemia. Sin embargo, la suerte le fue esquiva. Con su primer ejemplar, a pesar de intentarlo por ambos pitones, el toro careció de la transmisión necesaria, costándole humillar. La faena fue de más a menos, sin lograr el eco esperado en los tendidos.
El drama y la verdadera intensidad de la tarde llegarían con el segundo toro de la tarde, lidiado por el matador peruano Andrés Roca Rey. El diestro de Lima volvió a demostrar su arrollador dominio del ruedo pamplonés, conectando de inmediato con el público al iniciar su faena de rodillas. A pesar de las condiciones de un animal que no se entregó del todo, Roca Rey tiró de valor sereno, estructurando una obra de cercanías que puso la plaza en pie al son de la música de La Pamplonesa. Tras una estocada de gran efectividad, se desató una fuerte petición de trofeos. La presidenta, en una decisión polémica y tildada de generosa por algunos sectores, concedió dos orejas, premiando más la conexión del torero con la afición que la bravura del astado.
El debutante David de Miranda se enfrentó a un tercer toro de la tarde de nombre Devoto, de 585 kilos. El onubense, que cumplía su primera comparecencia en San Fermín tras una larga carrera marcada por la superación, comenzó su trasteo de manera brillante por estatuarios. El toro empezó a apagarse justo cuando sonaban los acordes musicales, lo que obligó a De Miranda a meterse entre los pitones en un alarde de valor, logrando convencer al respetable. Pese a una estocada algo desprendida, el palco, en sintonía con el ambiente festivo, le otorgó las dos orejas.
La segunda parte de la corrida tomó un cariz más cuesta arriba. Frente al quinto astado, Roca Rey no logró replicar el éxito de su primer turno. El animal evidenció complicaciones, pasando con la cara alta y dificultando el lucimiento del matador peruano, quien no consiguió transmitir a los tendidos y se marchó de vacío. Para Alejandro Talavante, la tarde del "toro de la merienda" (denominado Alabardero, de 570 kilos) tampoco resultó ser la soñada. El extremeño brindó al público e inició de rodillas, levantando aplausos iniciales, pero el toro pronto dejó ver su falta de recorrido y el diestro se vio obligado a abreviar. Al tomar la espada, la faena se desmoronó; tras varios intentos errados y el uso del descabello, escuchó un aviso, rematando el trasteo con un feo bajonazo que enfrió los ánimos.
Finalmente, el sexto de la tarde, que pesó considerablemente, fue lidiado por David de Miranda. Fue este un ejemplar que mostró más brío que clase, y aunque el onubense compuso una obra apabullante y se entregó al máximo, las fallas con el acero mermaron el resultado final de la faena.
Al final del festejo, la imagen de Roca Rey y David de Miranda saliendo a hombros por la Puerta del Encierro marcó el hito de una tarde donde el público demostró que en la fiesta de San Fermín prima el espectáculo y el fervor de las peñas, aun cuando las condiciones de la materia prima no acompañan plenamente.
M69
@TardeToros
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