13 julio 2026 Tarde Taurina Pamplona. 7ma Corrida de Toros.

13 de julio del 2026.
Pamplona, Navarra, España.

Sol y sombra en la Monumental: La tarde de Miura en San Fermín 2026.

El 13 de julio de 2026 quedó grabado en los anales de la Feria del Toro de Pamplona. Con un lleno absoluto de "No hay billetes", el asfalto y la arena se rindieron ante la mítica y legendaria ganadería de Miura. Lejos de ser la habitual corrida de clausura, el adelanto de los imponentes astados a la penúltima tarde del ciclo sanferminero transformó el ambiente en un auténtico hervidero de emociones. Bajo un sol de justicia, la bravura, la leyenda y la dificultad se dieron cita en una jornada marcada por el contraste de las faenas y el inconfundible rugido de las peñas.

La tarde se abría con un bochorno pesado que invitaba al clásico ritual de abanicos y botas de vino en los tendidos. El veterano Manuel Escribano, vestido en azul noche y oro, asumió los galones de la veteranía y se fue a la mismísima puerta de chiqueros. Recibió al primer miura a portagayola, un gesto de entrega absoluta que encendió la mecha de la tarde. El toro, de imponente alzada y seriedad, empujó con fijeza. Sin embargo, en la muleta, el animal ofreció media arrancada, quedándose corto y sin humillación. Escribano tiró de oficio, fajándose con el de Zahariche en una serie de mérito. Tras una estocada desprendida, paseó la primera oreja de la tarde, premiando el valor puro y la disposición.


Con el segundo de la tarde hizo su aparición Pepe Moral, vestido en un terno blanco y plata. El de Los Palacios se lució toreando por verónicas en un recibo terso y estético. El astado desarrolló cierto brío, apretando en banderillas y exigiendo firmeza en la franela. Moral apostó por darle tiempos y pausas, buscando el pitón izquierdo. Fue al natural donde el sevillano logró hilvanar los muletazos más bellos de su lote, templados y profundos. Lamentablemente, la espada le jugó una mala pasada y el fallo con el acero dejó el posible trofeo en una ovación de reconocimiento desde el tercio.


El tercer espada de la tarde, el venezolano Jesús Enrique Colombo, demostró una vez más su especial conexión con la afición pamplonica. Recibió al tercero de su lote con el capote desplegado mostrando el mensaje "Fuerza Venezuela", un guiño que el público agradeció con vítores. Con las banderillas, Colombo se convirtió en el amo absoluto del ruedo. Puso en pie a la plaza con un espectacular par al violín y encandiló a las peñas del sol y sombra. Con la muleta, el toro mostró cierta mirada y aspereza. El venezolano tiró de raza y carisma, vendiendo cada pase al tendido en un trasteo largo. Mató con eficacia, lo que le valió una oreja muy celebrada.


Tras el ecuador de la corrida, con el público entregado a los cánticos de las peñas durante el tradicional momento del descanso, salieron al ruedo los tres toros restantes. Los miuras, caracterizados históricamente por su agudeza y sentido, no terminaron de romper como los aficionados más puristas soñaban. Las faenas posteriores se tornaron cuesta arriba frente a animales que fueron a menos, marcando un claro descastamiento y quedándose cortos en los engaños.


Al cuarto de la tarde, de nuevo Escribano lo intentó con voluntad y raza. El miura careció de la transmisión esperada, embistiendo sin mayor emoción. El torero de Gerena dejó detalles de su gran capacidad lidiadora, pero el astado se apagó rápidamente, imposibilitando el lucimiento. Tras un aviso y media estocada honda, dio una vuelta al ruedo tras una fuerte petición del público, valorando su esfuerzo constante.


El quinto toro ofreció serias complicaciones a Pepe Moral. El animal desarrolló una condición de media arrancada y peligro sordo, quedándose muy corto y buscando el cuerpo del torero. Moral realizó un esfuerzo mayúsculo, planteando la faena a media distancia y buscando los terrenos adecuados para robarle pases a un animal que apenas pasaba. La labor fue encomiable, pero el complicado comportamiento del toro y las dificultades con el acero y el descabello hicieron que el trasteo se silenciara, reconociendo el público el empeño del diestro.


El encargado de cerrar el festejo fue Jesús Enrique Colombo, lidiando al sexto de la tarde, que resultó ser el más vivo de todo el encierro y ofreció buen juego por el pitón izquierdo. Colombo volvió a desplegar su repertorio de capa con un quite por lopecinas, seguido de otro vistoso quite por zapopinas rematado con una serpentina. El tercio de banderillas volvió a ser un estallido de energía, destacando un par al violín ejecutado mientras en la otra mano sostenía un sombrero de peñista. Con la muleta, el toro acudió con nobleza y fijeza. Colombo toreó con alegría, conectando de inmediato con el tendido. Sin embargo, la faena tuvo tintes más accesorios que de profundidad y mando. El trasteo se prolongó más de lo debido, escuchando un aviso antes de entrar a matar. Tras una estocada trasera y varios descabellos, saludó una ovación desde el tercio, cerrando una tarde donde el espectáculo superó en ocasiones a la pureza del toreo.


Así cayó la tarde en la capital navarra, en una jornada donde la legendaria divisa de Zahariche no regaló el triunfo fácil, sino la exigencia propia de su historia. Manuel Escribano y Jesús Enrique Colombo salieron airosos, llevándose un trofeo cada uno y demostrando que el valor es el mejor antídoto ante las dificultades. Mientras tanto, la afición y las peñas volvieron a vivir la magia indescriptible de una tarde de toros en Pamplona, donde la fiesta late con un corazón único en el mundo.


M69
@TardeToro










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