14 de julio del 2026.
Pamplona, Navarra, España.
Tomás Rufo conquistó la Monumental de Pamplona en la histórica corrida de cierre de San Fermín 2026. Cortó cuatro orejas y salió por la Puerta Grande, en una tarde inolvidable donde los toros de Jandilla ofrecieron un juego excelente, destacando el ejemplar "Castigado", premiado con una merecida vuelta al ruedo.
La tarde del 14 de julio de 2026 quedará grabada a fuego en los anales de la Feria del Toro. Pamplona se encontraba en su momento cumbre. Atrás quedaban ocho días de carreras trepidantes por las calles empedradas, con el último y accidentado encierro matutino de los toros de Jandilla dejando un balance de varios heridos y cornadas. A las seis y media de la tarde, el ambiente en los tendidos era una mezcla vibrante de la clásica sobriedad navarra, el clamor festivo de las peñas y la máxima expectación taurina. El cartel era de auténtico lujo y garantía de lleno absoluto: el sevillano Juan Ortega, el ídolo peruano Andrés Roca Rey y el joven toledano Tomás Rufo.
Se lidiaron toros de Jandilla y Vegahermosa, de imponente trapío y gran juego en líneas generales. La nobleza, la clase y la humillación fueron las notas predominantes, permitiendo a los diestros desarrollar faenas de gran calado emocional.
Rompió plaza Zarabanda, un colorado de Vegahermosa que salió suelto y fue lidiado con elegancia por Juan Ortega. El diestro sevillano, siempre buscando la pureza y el clasicismo, comenzó su faena de forma magistral, sentado sobre el estribo y pasándose el animal por alto. El jandilla demostró clase por el pitón derecho, permitiendo al sevillano dibujar naturales de exquisita cadencia. Aunque la espada le privó de un trofeo mayor, una estocada baja y certera le valió una oreja muy celebrada. En su segundo, Ortega dejó detalles de torería pura, pero el animal se vino a menos, dejándole marchar entre ovaciones.
El segundo turno fue para Andrés Roca Rey. El torero peruano, ovacionado desde los tendidos con el clásico "¡Perú, Perú!" y gritos de "¡Viva El Rey!", se enfrentó a Chismoso. Lo recibió con lances a pies juntos y vibrantes chicuelinas. El quite por gaoneras anticipó lo que vendría después. Roca Rey inició su faena de muleta de rodillas, ejecutando pases cambiados por la espalda que levantaron a la plaza de sus asientos. Demostró un mando absoluto y sometimiento, pasándose a la bestia a milímetros del pecho y buscando constantemente la conexión con un público entregado. Una gran estocada le permitió pasear el primer trofeo de su lote. Ante el quinto, un toro que requirió de mucha medición en los tiempos, el peruano tiró de oficio y valor, completando una meritoria labor coronada con ovación al arrastre.
Pero la tarde tuvo un nombre propio indiscutible: Tomás Rufo. El toledano conquistó el favor del exigente público pamplonés con una dimensión de figura consagrada. Ya desde el recibo de rodillas al tercero, Castigado, anticipó una faena de consagración. El astado mostró una bravura y codicia excepcionales, ganándose a pulso la vuelta al ruedo. Rufo acompañó la gran embestida por el pitón derecho con temple y largura, logrando series de gran profundidad. El uso del acero fue efectivo y fulminante, provocando una petición unánime que se tradujo en dos apéndices.
El gran clímax de la jornada llegó con el cierra plaza, Oyente. El Jandilla volvió a hacer gala de su gran calidad desde que metió la cara en el capote de Rufo. Con la muleta, el torero de Pepino encontró en el animal un punto de conexión perfecto. Aunque el de Jandilla exigía llevarlo toreado y vaciar la embestida por atrás, Rufo supo encandilar al tendido con su poderosa muleta. La estocada quedó bien colocada y el clamor popular pidiendo el doble trofeo hizo que el palco presidencial se ablandara, concediendo dos orejas que pusieron el broche de oro a una tarde triunfal. Así, entre el delirio de los tendidos, el ondear de los pañuelos y los ecos de la música de las peñas, Tomás Rufo cruzó el umbral de la Puerta Grande. Pamplona cerraba su Feria del Toro, despidiendo una tarde rotunda y encumbrando a un nuevo señor en la arena navarra.
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