Bajo un cielo límpido y un sol radiante que desafiaba el frío andino, la tarde taurina del 18 de julio de 2026 en Bambamarca (Cajamarca) quedará grabada en la memoria colectiva. La plaza Monumental se desbordó en devoción a la Virgen del Carmen y pasión brava, presenciando faenas memorables de Manuel Escribano, Miguel Ángel Perera y Joaquín Galdós.
Bambamarca, la joya de la provincia de Hualgayoc, se vistió de gala para vivir sus días grandes. Cada 18 de julio, el fervor religioso hacia la Santísima Virgen del Carmen se funde de manera inseparable con la tradición taurina, convirtiendo a esta tierra cajamarquina en el epicentro del toreo en los andes peruanos. Desde el mediodía, el aire olía a picarones, anticuchos y al albero mojado. Las bandas de músicos recorrían las calles empedradas interpretando alegres marineras y pasodobles que anunciaban la gran tarde.
La Plaza de Toros Bambamarca, rebosante hasta los mismos tendidos, presentaba un lleno impresionante. La afición, luciendo sus mejores galas y sombreros de paja típicos, aguardaba expectante el paseíllo. El cartel era un auténtico lujo internacional, reuniendo a la espada española y el talento nacional: el diestro sevillano Manuel Escribano, el experimentado extremeño Miguel Ángel Perera y el crédito peruano, Joaquín Galdós. Para esta tarde de apertura, el encierro estuvo a cargo de la ganadería Los Azahares, con reses de imponente trapío y bravura.
El primer toro de la tarde, herrado con el número 138 y de nombre "Bambacho", saltó al ruedo con brío. Manuel Escribano, un torero reconocido por su entrega absoluta, lo recibió de manera vibrante. Con el capote, el sevillano dibujó lances a la verónica ganando terreno hacia los medios. Pero fue en el tercio de banderillas donde Escribano encendió la mecha. Con total entrega, clavó tres pares ajustados que pusieron al público de pie. En la muleta, "Bambacho" exigió firmeza y el torero español respondió con autoridad, templando las embestidas por ambos pitones y rematando con una estocada entera que le valió el primer trofeo de la tarde.
El segundo turno fue para el triunfador de la feria del 2025, Miguel Ángel Perera. El diestro extremeño se enfrentó a "Emprendedor", un astado castaño de excelente juego. Desde el primer muletazo, Perera demostró por qué es una de las máximas figuras del escalafón internacional. Con tandas largas, mandonas y de una profundidad asombrosa, sometió al burel llevándolo muy embebido en la tela. La plaza contuvo la respiración en cada natural y en cada pase de pecho, donde la muleta parecía acariciar los lomos del animal. Los tendidos rugieron al unísono con el grito de "¡Olé!". Tras una faena de inteligencia y poder, Perera ejecutó una estocada en todo lo alto, fulminante, que desató la locura en la plaza y le otorgó las dos orejas.
Llegó el momento más esperado por la afición local: la presentación de Joaquín Galdós. El diestro nacional, que en esta feria conmemora una década de alternativa, saltó al ruedo visiblemente emocionado y arropado por el cariño de sus compatriotas. Enfrente tuvo a "Ganadero", el tercer toro de la lidia. Galdós estructuró una faena exquisita, repleta de detalles de gran pureza y torería. El limeño templó las embestidas con extrema suavidad, estirando los brazos y corriendo la mano con un compás clásico que emocionó a los entendidos. Fueron momentos de inspiración pura y conexión total con la arena. El acero no falló, y tras una estocada certera, paseó las dos orejas entre una lluvia de pétalos y aplausos ensordecedores.
La segunda mitad de la corrida mantuvo el listón altísimo. En el cuarto, Manuel Escribano volvió a derrochar voluntad y raza ante un ejemplar que fue de más a menos. Con la muleta por delante, el sevillano buscó los recursos necesarios para lucirse, mostrando su oficio y logrando momentos de mucho mérito que fueron premiados con una oreja.
El quinto de la tarde permitió ver la versión más clásica y profunda de Miguel Ángel Perera. Con "Artista", un toro noble y colaborador, el torero español dictó una verdadera cátedra de tauromaquia. Basó su labor en la mano derecha, trazando muletazos de trazo largo y gran belleza estética. La faena fue coronada con una estocada de efecto rápido, cortando dos orejas más que confirmaban su gran momento y aseguraban su salida por la Puerta Grande.
El gran cierre de la jornada lo protagonizó Joaquín Galdós con el sexto toro. Demostrando una madurez notable, el torero peruano cuajó una faena inteligente y valiente, exprimiendo las virtudes del astado y superando las dificultades con oficio y arte. El público, entregado a su figura, lo acompañó con palmas y vítores en cada serie. La estocada final fue el broche de oro para una faena que le permitió cortar las dos orejas y sellar una tarde redonda.
Al finalizar la tarde, el albero bambamarquino se convirtió en una fiesta de triunfo. Los tres matadores, Escribano, Perera y Galdós, salieron a hombros de la Monumental Plaza de Toros, aclamados por una afición que vibró de principio a fin. La tarde del 18 de julio del 2026 será recordada en los anales taurinos de Bambamarca como una jornada de arte, pureza y entrega total, donde el valor de los toreros y la bravura de los astados honraron con creces a la Virgen del Carmen en sus festividades.

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