Plaza de toros de Bambamarca, Perú. 19 de julio del 2026

La tarde del 19 de julio de 2026 quedó grabada en la memoria de los aficionados como una jornada que fue claramente de más a menos en la tradicional Feria Taurina Virgen del Carmen de Bambamarca. Enclavada en la provincia de Hualgayoc, Cajamarca, esta indómita tierra andina desbordó pasión y color local en la segunda tarde de su abono internacional, con un cartel de gran expectación compuesto por Manuel Escribano, Fernando Adrián y José Garrido, quienes lidiaron reses de San José del Monte. Lo que comenzó con un ritmo vibrante y triunfal en los dos primeros capítulos de la tarde, lamentablemente se fue diluyendo a medida que los toros perdieron transmisión y bravura, enfriando el entusiasmo de un coso que lucía un lleno imponente.

Desde el mediodía, las calles empinadas de Bambamarca eran un hervidero humano. El aire serrano, fresco pero golpeado por un sol incandescente, transportaba el aroma a gastronomía típica, el murmullo de las bandas de músicos y el inconfundible brillo de los sombreros de palma. La devoción a la "Virgen del Carmen" se respiraba en cada rincón, sirviendo de antesala espiritual para la fiesta de los toros. A medida que el reloj avanzaba hacia las tres y media, el imponente coso bambamarquino se tiñó con el clásico lleno de las grandes ocasiones: un mosaico humano donde no cabía un alfiler para presenciar un festejo que prometía grandes emociones, pero que acabaría condicionado por el juego de los astados.

El paseíllo arrancó entre sonoras ovaciones y la ilusión a tope. Abrió plaza el experimentado Manuel Escribano, un torero consentido por esta afición debido a su entrega sin reservas. El primer toro de San José del Monte tuvo nobleza y fijeza, permitiendo al sevillano desplegar su repertorio capotero sobre los pies. Escribano lo recibió con verónicas templadas de salida, ganando terreno hacia el centro del anillo con prestancia y suavidad. Tras cumplir con solvencia en el tercio de varas, el diestro banderilleó con la espectacularidad que le caracteriza, arriesgando en los terrenos comprometidos de la altura andina y clavando en todo lo alto. En la faena de muleta, estructuró una labor inteligente y sobria, templando las embestidas y aprovechando la noble condición del astado. Tras una estocada efectiva y una fuerte petición, la presidencia concedió la primera oreja de la tarde, desatando el júbilo inicial de la plaza.

El buen tono se mantuvo en el segundo de la tarde con el debut de Fernando Adrián. El madrileño traía la vitola de sus importantes triunfos europeos y dejó una grata impresión en su carta de presentación ante la afición cajamarquina. Se enfrentó a un toro que mantuvo movilidad y alegría en los primeros tercios. Adrián lo recibió con verónicas mecidas de bello trazo y, tras el preceptivo castigo, inició su labor de muleta con pases cambiados por la espalda que calaron hondo en el público. Hilvanó series de derechazos profundos y naturales de mano baja, sometiendo con firmeza la embestida del animal. Su toreo de quietud y ligazón conectó de inmediato con la sensibilidad local. Tras rematar su obra con manoletinas de infarto y recetar un certero espadazo, paseó una oreja de mucho peso específico.

Desafortunadamente, tras este prometedor inicio, la tarde se vino a menos de forma drástica y el festejo cambió por completo de rumbo. El tercero de la terna, José Garrido, se estrelló contra un astado de San José del Monte que manseó desde los primeros compases, buscando las tablas y negándose por completo a la pelea. El diestro extremeño opuso un valor sereno y mucha paciencia, intentando ganarle la acción pegado a las maderas, pero la falta de casta del animal hizo imposible cualquier atisbo de lucimiento estético. Garrido se justificó con la espada y escuchó palmas de respeto tras una labor gris donde el lucimiento resultó imposible.

La segunda mitad del festejo no hizo más que certificar el declive de la corrida por la alarmante caída del juego ganadero. El cuarto de la tarde permitió a Manuel Escribano volver a desplegar su conocida casta, pero el toro se tornó complicado, reservón y con una molesta tendencia a derrotar con la cara alta. El sevillano lo intentó por ambos pitones y arriesgó nuevamente en banderillas para mantener el interés de los tendidos, pero la faena careció de ligazón debido a las nulas condiciones del oponente. Tras pinchar antes de la estocada definitiva, la labor de Escribano quedó reducida a una merecida ovación desde el tercio por su incuestionable pundonor.

El punto más crítico de la tarde se vivió durante la lidia del quinto toro, correspondiente al lote de Fernando Adrián. El astado saltó al ruedo mostrando una absoluta invalidez, falta de casta y nulas fuerzas, no dando el juego mínimo exigible para la lidia. El animal se defendía, acudía sin celo y se quedaba corto a las primeras de cambio, imposibilitando cualquier estructura de faena. Lejos de abreviar de forma brusca, Adrián tiró de técnica y enorme firmeza para intentar sacar agua de un pozo completamente seco, buscando las distancias cortas en un esfuerzo estéril que la plaza agradeció por su profesionalismo. Tras pasaportar al deslucido animal con los aceros, el silencio se apoderó de los tendidos andinos ante la evidente decepción ganadera.

Finalmente, José Garrido cerró la tarde con el sexto de la función, otro toro deslucido, soso y carente de transmisión que apenas dio opciones de lucimiento. El extremeño porfió con sinceridad, robando muletazos sueltos con base en la insistencia, pero el público ya estaba completamente frío y deseando el final de la función. Garrido se despidió entre aplausos de cortesía tras una eficaz estocada que puso fin al festejo.

Al caer el sol tras los cerros tutelares de Bambamarca, la plaza abandonó el recinto con un sabor agridulce. La tarde taurina del 19 de julio de 2026 dejó como balance las solitarias pero valiosas orejas cortadas por Manuel Escribano y Fernando Adrián en los albores del festejo, antes de que el encierro de San José del Monte se apagara por completo y empañara las ilusiones de una afición que, a pesar de todo, volvió a demostrar por qué Bambamarca sigue siendo uno de los bastiones taurinos más apasionantes y fervorosos del Perú.


M69
@TardeToros
Bambamarca, Perú. 

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