Plaza de toros de Valencia, 17 de julio del 2026

La tarde del 17 de julio de 2026, la Plaza de Toros de Valencia se vistió de gala para el segundo festejo de la tradicional Feria de Julio. El coso de la calle Játiva registró una gran entrada, superando los tres cuartos de su aforo, para presenciar un cartel estelar: José María Manzanares, Alejandro Talavante y Roca Rey, quienes lidiaron un encierro de Juan Pedro Domecq. El resultado fue una tarde de contrastes, marcada por el triunfo numérico de dos de las espadas y la polémica decisión del palco presidencial al negarle la Puerta Grande al matador peruano.

El ambiente en los tendidos era de expectación absoluta desde antes de que el reloj marcara las 19:00 horas, hora de inicio del festejo. El calor estival valenciano abrazaba la arena, mientras el público esperaba ver las embestidas de los astados de Juan Pedro Domecq. Con el paseíllo finalizado, arrancó una tarde donde la disposición y el oficio taurino de los diestros tuvieron que sobreponerse a la condición desigual del ganado.

Abrió plaza José María Manzanares, vestido de azul noche y oro, lidiando a un astado con buenas hechuras, noble, pero con el poder muy justo. El alicantino dejó destellos de su inconfundible elegancia y torería, especialmente en el tramo central de la faena. Tras cuidar al animal, logró series notables sobre la diestra que hicieron sonar la música en el coso valenciano. Sin embargo, la espada le jugó una mala pasada; un pinchazo previo a la estocada enfrió la labor y todo quedó en palmas del respetable. En su segundo turno, el cuarto de la tarde no presentó la misma voluntad y se mostró brusco y deslucido. Ante esta tesitura, el torero se esforzó a regañadientes por sacar partido a un pozo seco, pasaportando al animal con media estocada y descabello, lo que le valió el silencio del público.

El segundo turno de la tarde correspondió a Alejandro Talavante, que lució un elegante terno corinto y oro. El extremeño se mostró como un torero inteligente y con oficio, enfrentándose en primer lugar a un colorado de la ganadería titular que, aunque careció de gran empuje hacia abajo, tuvo la movilidad suficiente para permitir el lucimiento. El torero logró asentarse, ligando muletazos limpios, asentando los talones y rematando con cambios de mano de gran categoría. Su labor, coronada con una estocada entera, fue premiada con la primera oreja de la tarde. En su segundo oponente, lidiado en quinto lugar, Talavante recibió al toro con tres faroles pegados a tablas. Aunque noble, la embestida del animal fue de ritmo complicado, lo que dificultó la conexión con el tendido. A pesar de intentarlo, la faena no levantó el vuelo y fue ovacionado tras un pinchazo y una estocada corta.

Pero el gran protagonista y eje de la expectación del ciclo era, sin duda, Roca Rey. Vestido de purísima y oro, el diestro peruano demostró una vez más su capacidad para conectar con los tendidos y su inquebrantable valor. Su primer turno le correspondió con un astado deslucido y de escasa fuerza, que acabó aplomado y buscando refugio. Ante la falta de transmisión del toro de Juan Pedro Domecq, Roca Rey optó por buscarle las vueltas, dejándose llegar los pitones a milímetros de la taleguilla en un alarde de cercanías y arrimón que encendió al público. Cerró su labor con unas bernadinas ajustadísimas que pusieron en pie a la plaza. Ejecutó una gran estocada, pero el toro tardó en doblar, lo que provocó que sonara un aviso. La petición de oreja fue masiva y creciente, pero el palco decidió no otorgarla, dejando al público con un fuerte murmullo y al torero con una ovación tras fuerte petición.

El momento culminante de la tarde llegó con el sexto y último toro de la tarde, un ejemplar castaño oscuro de nombre 'Tulipán'. A diferencia de sus hermanos, este animal tuvo mayor duración y nobleza tras el primer puyazo. Roca Rey se explayó desde el inicio, cuajando una faena poderosa y vibrante, cimentada en la mano derecha. La conexión con el público valenciano fue total, vibrando cada muletazo. Concluyó su actuación con un emocionante toreo en el que literalmente acarició los pitones del animal, emocionando al respetable. La estocada fue certera. La plaza se convirtió en un mar de pañuelos blancos exigiendo los máximos trofeos: las dos orejas y una posible Puerta Grande. Sin embargo, la presidencia decidió mostrarse conservadora y otorgó un solo trofeo. La negativa del palco a la concesión de la segunda oreja generó una gran protesta generalizada en los tendidos.

Ante la concesión de un solo trofeo que le privaba de salir a hombros, Roca Rey realizó dos vueltas al ruedo para agradecer el cariño de la afición, lo que evidenció el sentir de la plaza sobre quién había sido el triunfador moral del festejo. Así concluyó una de las tardes más intensas y emocionantes de la feria, dejando al público con el recuerdo de la entrega absoluta del peruano y el debate encendido sobre las decisiones de la autoridad en la plaza.






M69
@TardeToros
Valencia, España.
17 de julio del 2026

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