Puerto de Santa María, 02 de agosto del 2026

La histórica Plaza Real de Toros de El Puerto de Santa María vivió una tarde apoteósica el 2 de agosto de 2026, con lleno de "no hay billetes". Pablo Aguado y Andrés Roca Rey abrieron la Puerta Grande tras cuajar faenas memorables ante un encierro de Núñez del Cuvillo, mientras Morante de la Puebla firmó una lección de entrega absoluta.


El Ambientazo de la Plaza Real y el Paseíllo

A las ocho en punto de la tarde del 2 de agosto de 2026, la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María bullía con cerca de 12.000 almas entregadas. El cartel reunía a tres pilares del arte y el poder: Morante de la Puebla (de canela e hilo blanco), Andrés Roca Rey (de sangre de toro y oro) y Pablo Aguado (de tabaco y oro). Se respiraba el eco de la célebre máxima de Joselito “Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros”, presidiendo metafóricamente cada fibra de los tendidos gaditanos en este verano de 2026.


La Obra Cumbiera de Pablo Aguado con "Galiano"

El gran suceso de la tarde llegó en el tercer turno con la aparición de Galiano, un toro castaño de Núñez del Cuvillo de 485 kilos, que atesoraba una finura excelsa. Pablo Aguado lo recibió con unas verónicas de manos bajísimas y compás abierto, abrochando un quite por tijerillas que encendió los ánimos.

  • En un gesto inesperado, el propio Aguado cogió los palos y clavó un memorable par al quiebro.
  • Con la muleta, supo exprimir la nobleza y bravura del Cuvillo mediante trincherillas y naturales que recordaron a su cumbre sevillana de 2019.
  • Tras un trasteo de elegancia infinita rematado rodilla en tierra, se volcó con la espada, cobrando una estocada de ley.
  • El palco concedió las dos orejas y el toro fue premiado con una merecida vuelta al ruedo en el arrastre.


El Valor Puro de Morante y la Firmeza de Roca Rey

Morante de la Puebla no escatimó esfuerzo ante el cuarto, Tristón, un animal hondo, bronco y falto de entrega. El cigarrero se jugó literalmente el físico en los terrenos de cercanías, tragándose miradas y embroques durísimos para extraer tres naturales de suprema honestidad, rubricados con una estocada colosal que le valió una oreja de enorme peso.


Por su parte, Andrés Roca Rey impuso su jerarquía inquebrantable frente al quinto astado del orden de lidia. Tras un ceñido quite por saltilleras y un brindis al propio Morante, el peruano estructuró una faena a base de mando, poder y sometimiento por el pitón derecho. A pesar de que el astado apretó alicorto al natural, Roca tiró de firmeza machacona y finiquitó con un contundente estoconazo, cortando otra oreja que sumada a la de su primer oponente le abrió de par en par la Puerta Grande junto al torero sevillano.



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